dimarts, 20 de novembre de 2012

¿SON SIEMPRE COMPATIBLES LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD?


Desde hace un par o tres de meses,  en este país, estamos acostumbrados a utilizar y muy especialmente los representantes de los partidos políticos, gobiernos y, en mayor medida, los medios de comunicación, dos conceptos que pueden parecer sinónimos pero que no lo son: “legalidad y legitimidad.
Ambos nos sirven por igual para defender o justificar una posición personal  o política,  una ideología  frente a una nueva  realidad   social, convivencial,  o sociológica en un momento histórico  coyuntural determinado. Igualmente ambos términos  o conceptos se utilizan como dique de contención para sostener  u oponerse a quien opina o defiende lo contrario; es decir al que no está de acuerdo contigo. Sostener que un pensamiento o una acción política, no es legal parece que inculpa al que  la pronuncia, mientras que argumentar que un acto o política  no es legítima parece menos sancionable, malo o injusto.
Desde una vertiente no académica y en el lenguaje cotidiano que es que  utiliza  la gran mayoría de los ciudadanos españoles, cabria preguntarse  si estamos en presencia de dos conceptos bien definidos y claros o, por el contrario, resultan poliédricos, con diversos significados o interpretaciones. En definitiva, si podemos responder  fácilmente a la pregunta: ¿Lo que no es legal es ilegitimo? ¿Lo que no está dentro de la ley o de su interpretación por una autoridad o tribunal, es siempre ilegal aunque sea legítimo?
Estamos muy acostumbrados a decir “esto no es justo”;”no es legal” y  desde 1978, “no es constitucional”; pero   decimos pocas veces  que una acción o una opinión sea  ilegitima.
Puestos a este nivel, la confusión terminológica y conceptual está servida y hoy difícilmente podemos, únicamente desde el derecho y la ciencia jurídica, definir con claridad las fronteras entre lo legítimo y lo legal y que se entiendan y sean comprensibles, razonablemente, para el común de los mortales. Nuestra sociedad  globalizada y de comunicación inmediata, no está ya para muchas teorías, sino que quiere que se le den claves para entender ¿qué está pasando actualmente, por qué está pasando  y, sobretodo, qué  pasara en el futuro próximo?
El valor legitimador más relevante del poder político es sin duda la democracia. Sin ella y sin un Estado de derecho no cabe hablar de legitimidad. Un poder legal ejercido  democráticamente  acostumbra a ser considerado como legitimo; pero sin embargo, legitimidad y legalidad, son dos cosas distintas
La diferencia o frontera –a veces confusa i permeable – entre lo que es legal o es ilegal la marca la ley   o  lo determina una norma   con independencia de si la misma es justa o es injusta.  Es ilegal, por ejemplo, aparcar en una zona prohibida por un ayuntamiento o por ser zona de carga, ¿pero nos atreveríamos a calificar que aparcar en lugar prohibido es una acción  ilegitima, criminal o intrínsecamente mala? En principio la respuesta generalizada seria negativa. En este ejemplo, es malo o ilegal  porque no se ajusta a una ordenanza municipal ,pero nadie aceptaría que, una mal aparcamiento en zona azul, atente a la moral ni a la justicia, ni al orden público y que pueda ser considerado como un cuasi- delito o falta.
La legitimidad se justifica con la ética y la moral social de quien manda o detenta el poder. Ahora bien ¿la ley es siempre legítima? ¿Eran legitimas todas  las leyes que se dictaron por regímenes totalitarios o dictatoriales como imperaron en Europa de Hitler, Mussolini o Franco? Yo afirmo sin ninguna duda que no. Quizás  pueden decirse que estaban dentro de una ley  y obedecían a una situación coactiva o de fuerza que dictaba la norma, pero no eran legitimas. Creo que todos estaremos de acuerdo   que luchar contra normas que niegan los derechos fundamentales, por muy legales que sean, no son acto ilegítimos.
La legitimidad responde a un sentimiento, un anhelo o una voluntad expresada por quien detenta el poder soberano que es el ciudadano en su conjunto. Este poder  lo ejercita este pueblo , en el ámbito de un territorio, en un momento histórico determinado y concreto. No es de siempre y para siempre.
Para poner tres  ejemplos de rabiosa actualidad:
a) Matrimonios homosexuales: Desde hace mas de 7 años estaba planteado un recurso ante el Tribunal Constitucional por parte del PP, por considerar que  la ley  aprobada por las Cortes  que lo autorizaba, no era  constitucional (ilegalidad)  .El día 7 de noviembre 2012 y el Tribunal por amplia mayoría de sus Jueces  sentencio que el matrimonio homosexual en España ,que afectaba a mas de 35.000 parejas ,era totalmente  legal. ¿Si el TC hubiera fallado en contra, la unión de los homosexuales sería considerado ilegitimo por la sociedad española o simplemente seria  ilegal?
b) Ejecución de hipotecas: La subasta de inmuebles y el desalojo de sus antiguos propietarios por parte de un  Banco ,conforme a la Ley  es legal y los jueces no podrían fallar en contra, so pena de poder ser acusados de prevaricación. Hoy se cuestiona por los propios Jueces y por el Consejo General de Poder Judicial si debe de aplicarse la ley en su integridad o caben salidas alternativas no previstas legalmente. ¿Quien tiene razón o que es legítimo?
c) Estatuto de Catalunya de 2006: Fue aprobado por el poder legislativo: Parlament de Catalunya y por  Parlamento español. Refrendado por el pueblo soberano de Catalunya (único que estaba legitimado constitucionalmente para hacerlo  y por tanto dentro de la mas estricta legalidad ). Sin embargo un partido Político, el  PP ,el Defensor del Pueblo (¿que pueblo?) y alguna otra institución del Estado no de Catalunya lo recurren y al cabo de los años, en  2010 un Tribunal Constitucional (legal pero caducado muchos de sus miembros y diezmado por muertes e incompatibilidades )resolvió , en contra de mismo pueblo y de sus representantes , que no es legal a pesar de ser legitimo y aprobado legalmente. Muchos no lo entendieron y no lo han aún entendido.Ha supuesto un desprestigio popular de las instituciones del Estado.
Resultado :¿En qué quedamos?
La legitimidad es un atributo del pueblo soberano, mientras la legalidad, emana del poder legislativo o en su caso del ejecutivo elegido por el legislativo, el cual    desarrolla las normas o directrices dictadas por el legislativo democrático. Pero es precisamente por ello ,que la legalidad es temporal y muy variable. Está sometido a los vaivenes de la ideología de quien detente el poder en un momento histórico determinado y , por lo que se dijo en su momento, de la composición ideológica(progresistas o conservadores) de un Tribunal Constitucional  .
La Ley por tanto puede cambiar o ser modificada en un momento concreto, pero siempre que sea en democracia y que sus normas  no sean claramente ilegitimo.
La expresión democráticamente manifestada por parte de una comunidad o de la ciudadanía siempre será legitima pero puede resultar , coyunturalmente , que no esté amparada por una ley formal (por ser antigua o obedecer a derroteros políticos de quien detentaba el poder cuando fue dictada ).Resulta difícil interpretar que  esta expresión de legitimidad pueda calificarse simplemente  de ilegal , sin más. 
En el supuesto que se plantee un conflicto entre la legalidad y la legitimidad, muy a pesar del formalismo de los juristas, quizás tendremos que preguntarnos qué concepto tendría que prevalecer. Deberíamos de trabajar desde el derecho y desde la política para que las cosas  que son legitimas en conciencia de un pueblo i en un momento histórico, sean también legales.

Eduard Sagarra i Trias
Abogado
Profesor de Derecho Internacional Público. ESADE

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