diumenge, 5 de març de 2017

¿2017: A QUIÉN PERTENECE EL POLO NORTE?


Si solicitáramos a un niño o también a un adulto que nos dibuje un animal característico del Polo Norte, casi seguro que dibujaría un pingüino. Sin embargo en el Polo Norte no hay pingüinos, sólo osos polares y focas, pero nunca pingüinos. La razón es muy simple, los pingüinos necesitan anidar en tierra firme y el Ártico o Polo Norte no lo es. Es una masa de agua helada. Sus aguas, el suelo y subsuelo subyacentes son mar y fondos marinos.
Esta característica geológica es la principal razón por la que, todavía hoy, el Polo Norte o Ártico, no haya sido conquistado por ninguna potencia mundial. Sería una apropiación o conquista efímera pues está en vías de gradual desaparición debido a los efectos del cambio climático. Es un hecho muy preocupante que cada año desaparezcan o se diluyan en el océano más de13 millones de metros cúbicos de hielo ártico. Esta será la causa de que estén desapareciendo islas en el Pacifico o se cubran de agua, manglares en Bangla Desh. Sus millones de habitantes deberán emigrar so pena de ahogarse por culpa del deshielo del Ártico.
Hechas estas precisiones geográficas, la pregunta que cabe formularse es muy simple: ¿Sí el Ártico no es un continente, quién tiene derecho a explotar las riquezas y recursos naturales que contienen sus heladas aguas, el suelo, la plataforma continental y el subsuelo de aquel espacio marítimo?
La “conquista del Polo Norte” no es un problema de ocupación real de la superficie del hielo ártico ni tampoco sobre la masa de agua del Océano Ártico, sino la disputa, apropiación y explotación de los fondos marinos subyacentes. No se plantea hoy como una lucha o conquista bélica por la soberanía sobre el Ártico, sino demostrar - con parámetros geológicos y acorde con el Derecho del Mar- cual es la potencia marítima que tiene derecho a explotar sus yacimientos y recursos naturales que se encuentran en el agua, en el suelo y en el subsuelo marino próximos o bajo el Polo Norte.
En el verano de 2007, los medios de comunicación publicitaron la conquista submarina del Polo Norte por Rusia. Lo más llamativo fue la colocación de una banderola de titanio en el centro del suelo submarino del Polo Norte. Se distribuyeron fotografías y reportajes televisivos sin reparar en gastos ni mentiras. Pero resulto que, algunas de las imágenes que se publicaron como prueba de la hazaña de los submarinos rusos, eran falsas y estaban extraídas de la película “El Hundimiento del Titanic”. Fue un ejemplo pretérito de la actual doctrina del Presidente Trump de la “postverdad”. ¡Aquella falsedad la descubrió un niño finlandés de 13 años!
Rusia reivindica un derecho preferente por el Este para explorar y explotar el suelo y subsuelo Árticos alegando que una parte del fondo del Océano Ártico, denominado “Dorsal Lomonokov”, es una continuación geológica de su plataforma continental siberiana y por tanto como Estado ribereño tiene derecho a su exploración y explotación exclusiva y excluyente.
En un futuro próximo la lucha por el dominio y explotación de las riquezas naturales del Ártico se añadirá a las actuales causas de controversias y conflictos mundiales ci) los efectos del cambio climático ii) la escasez y control de los cursos de agua potable iii) la regulación o contención de los grandes movimientos humanos de emigrantes y refugiados.
Es evidente que los movimientos estratégicos de los Estados ribereños, en esta a zona, no tiene fines científicos, ecológicos ni se harán en de forma altruista en favor de la humanidad, sino que los Estados se posicionan en dichos espacios para obtener finalidades militares, geoestratégicas, económicas, pesqueras y también de control del comercio marítimo futuro por el norte del planeta. De Shanghái a Rotterdam se tarda 11 días menos que por Suez y el Mediterráneo.
Según la Convención de Montego Bay de 1982, reguladora del Derecho del Mar que determina la delimitación de los espacios marítimos, los únicos Estados ribereños geográficamente más próximos al Ártico son Rusia, Canadá, Estados Unidos (a través de Alaska), Dinamarca (por formar Groenlandia parte integrante de su territorio) y Noruega. No lo son ni Islandia, ni Suecia ni Finlandia.
La soberanía sobre el mar no se mide hoy por el control de su superficie, ni sobre sus pesquerías, sino que su ingente valor viene dado por sus recursos naturales existentes en el suelo marino, el subsuelo subyacente y por el dominio del espacio aéreo supra yacente a aquellas zonas.
El mar tiene una riqueza poliédrica apetecida por todos, pero solo asequible para aquellos que gozan de una avanzada y sofisticada tecnología que les permite explorar, explotar y ser beneficiarios exclusivos de los recursos que encierra el mar y sus fondos.
Se calcula que dichos recursos - sólo en petróleo- equivalen a un cuarto de las reservas mundiales, además de importantes yacimientos de gas y otros minerales (oro, plata, manganeso cobre, zinc etc.). De ser explotados directamente por una de las cinco potencias ribereñas, o a través de concesiones a grandes compañías, desestabilizaran, toda la economía mundial y hundirían a muchos países que aún hoy, son los principales productores de aquellos recursos naturales. El continente africano es un ejemplo.
No estamos ante una novela ni una película de ciencia ficción sino de una carrera de apropiación y dominio de los fondos marinos y de todo el espacio ártico.
Las expediciones que se están llevando a cabo nos recuerdan las películas sobre la conquista del Oeste” pero ahora, en 2017, no se llevan a cabo con carretas sino mediante submarinos, satélites y barcos rompehielos. La pregunta a resolver que afecta a toda la humanidad es ¿A quién pertenece el Polo Norte?


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